Hace no mucho hablé en el blog del reto de Casey Neistat, el cual consistía en establecer unos horarios en los que se trabajara desde muy temprano, de tal forma que combinando estos horarios con deporte y con una alta disciplina emocional, conseguiríamos ser más eficientes.

¿También dije que comenzaría mi propio reto, no? Pues he fallado miserablemente.

Escribo esto no para abstenerme de publicar mi diario del challenge, sino para hacer todo lo que esté en mi mano para establecer en mi esa disciplina emocional, que bajo mi punto de vista tanto necesito después de haber leído el libro de Jock Willink “The Dichotomy of Leadership: Balancing the Challenges of Extreme Ownership to Lead and Win“.

Escribo esto en un momento donde me falta motivación y está lleno de incertidumbre, escribo esto para intentar motivarme a mí mismo y para intentar motivar a quien lo lea, porque muchas veces el error no está en fallar, sino en no darse cuenta porque todo ha fallado y en no evitar que esta situación se pueda volver a repetir.

Antes de todo, querría hablar un poco de lo que creo que es fallar, porque aunque mucha gente pueda creer que fallar es no cumplir a tiempo una cosa, o que algo no salga bien, fallar no es eso, o amenos filosóficamente hablando. Fallar es caer y no levantarse, fallar es quejarse de todo y no poner solución a nada, fallar es cargar tus errores en los hombros de los demás y no en los tuyos…

Eso es fallar.

Y a partir de ese concepto, lo que yo puedo deducir que uno debe de hacer para no fallar es trabajar duro, tan duro como uno pueda sin poner en peligro la psicología interior de uno mismo. Porque con la mente uno siempre debe estar en paz, para que en momentos de incertidumbre o momentos donde haya mucha presión, esta no nos deje caer en ese abismo que es la monotonía del día a día.

Trabaja tan duro como puedas hasta que consigas lo que sueñas, no te dejes atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros (parafraseando a Steve Jobs).

Simplemente lo que tengo que hacer, y creo que todo el mundo debería hacer es marcar un objetivo tan ambicioso como sea posible, y a partir de ahí construir el futuro.

Hard work, trabajo duro, un dur travail, lavoro duro, 努力工作, тяжелая работа, se puede escribir de miles de formas pero sigue significando lo mismo.

¡Si está roto, arréglalo! ¡Si no te gusta, cámbialo! ¡Y si lo quieres, cógelo! No te quedes quejándote de todos tus problemas que no te permiten hacerlo realidad, simplemente HAZLO.

Por último, os dejo con uno de mis comienzos de un libro favoritos, “Correr o Morir” de Killian Jornet, que tengáis un buen día.

“Besa la gloria o muere en el intento. Perder es morir, ganar es sentir. La lucha es lo que diferencia una victoria, a un vencedor. ¿Cuántas veces has llorado de rabia y de dolor? ¿Cuán­tas veces has perdido la memoria, la voz y el juicio por agotamiento? ¿Y cuántas veces, en esta situación, te has dicho: «¡Otra vez! ¡Un par de horas más! ¡Otro ascenso! El dolor no existe, solo está en tu men­te. Contrólalo, destrúyelo, elimínalo y sigue. Haz sufrir a tus rivales. Mátalos»Soy egoísta, ¿verdad? El deporte es egoísta, porque se debe ser egoísta para saber luchar y sufrir, para amar la soledad y el infier­no. Detenerse, toser, padecer frío, no sentir las piernas, tener náu­seas, vómitos, dolor de cabeza, golpes, sangre… ¿Existe algo mejor?El secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a co­rrer cuando llueve, hace viento y nieva; cuando los relámpagos prenden los árboles al pasar por su lado; cuando las bolas de nieve o las piedras de hielo te golpean las piernas y el cuerpo desnudo con­tra la tormenta y te hacen llorar y, para proseguir, debes enjugarte las lágrimas para poder ver las piedras, los muros o el cielo. Renun­ciar a unas horas de fiesta, a unas décimas de nota, decir «¡no!» a una chica, a las sábanas que se te pegan en la cara. Ponerle huevos y salir bajo la lluvia hasta que te sangren las piernas debido a los gol­pes que te has dado al caer al suelo por el barro, y levantarte de nue­vo para seguir subiendo… hasta que tus piernas griten a pleno pul­món: «¡Basta!». Y te dejen colgado en medio de una tormenta en las cumbres más lejanas, hasta la muerte.Las mallas empapadas por la nieve que arrastra el viento y que  se te pega también en la cara y te hiela el sudor. Cuerpo ligero, pier­nas ligeras. Sentir cómo la presión de tus piernas, el peso de tu cuer­po, se concentra en los metatarsos de los dedos de los pies y ejerce una presión capaz de romper rocas, destruir planetas y desplazar continentes. Con ambas piernas suspendidas en el aire, flotando como el vuelo de un águila y corriendo más veloces que un guepar­do. O bajando, con las piernas deslizándose por la nieve y el barro, justo antes de impulsarte de nuevo para sentirte libre para volar, para gritar de rabia, odio y amor en el corazón de la montaña, allá donde solo los más intrépidos roedores y las aves, agazapados en sus nidos bajo las rocas, pueden convertirse en tus confesores. Solo ellos conocen mis secretos, mis temores. Porque perder es morir.Y uno no puede morirse sin haberlo dado todo, sin romper a llorar por el dolor y las heridas, uno no puede abandonar. Hay que luchar hasta la muerte. Porque la gloria es lo más grande, y solo se debe aspirar a la gloria o a perderse por el camino habiéndolo dado todo. No vale no luchar, no vale no sufrir, no vale no morir… Ha llegado la hora de sufrir, ha llegado la hora de luchar, ha llegado la hora de ganar.”